jueves, 9 de marzo de 2017

Ataque Arácnido


Mientras estábamos en una maravillosa clase de Física en el instituto, entre energías, y formulas, un alumno perspicaz diviso una masa difusa que acechaba despacio por el techo, encima de las cabezas inocentes e incrédulas de los alumnos que fascinados por la lección,  no se había percatado sobre esta masa difusa.  Cuando el alumno perspicaz le comento la extraña presencia a otro, este dio la voz de alarma, y entonces fue cuando cundió el pánico entre los miembros del aula. La masa difusa poco a poco se hacia ver, dejando paso así a su verdadero aspecto: el de una extraña y maléfica araña de características repugnantes. Esta criatura sin percatarse si quiera de que su presencia había causado un trastorno en la clase tan inmenso. Iba cada vez mas despacio recorriendo el blanco techo, y posándose así sobre la cabeza de una de las alumnas, la cual horrorizada por este ser, no paraba de agitarse y gritar: “mátenla” algunos chistosos reían, otros hacían caso omiso (como el profesor) de este casual ataque. Gritos de una extremo a otro se habían esparcido por todo el aula, algunos valientes intentaban con artilugios rudimentarios acabar con la araña, pero sus dotes atacantes era más complejas que estos simples artilugios. Todo intento fue en vano pues la araña estaba tanteando el terreno y ya le había echado el ojo a esta alumna, a la cual investigaba para hacerla presa, aunque ella muy aguda, intento alejarse para que sus oscuras trampas no funcionasen, al ver que la joven aterrorizada pero a la vez, gracias a sus tácticas de alejamiento consiguió que “la masa difusa” siguiese su camino hacia otra presa…

¿Quién seria el/la que derrotara la araña? -me preguntaba yo, que expectante analizaba el recorrido de este “ente” que vagaba ahora sin rumbo, al igual que yo, otro de mis inteligentes compañeros, analizaba y trazaba un plan para combatir este ser tan horrible y repugnante que alteraba el orden de nuestra querida clase.
Y así entre nuestras miradas asesinas que la acechaban la araña cohibida finalmente huyó, y no volvió jamás.


 Para Rubén y Ángela, así como los demás compañeros de aquella aventura.


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