miércoles, 22 de marzo de 2017

Angels


Para la canción que da titulo a este relato y me dio la inspiración para escribirlo.

Una vez casi se golpeo él mismo los oídos, “prefiero estar sordo antes que escuchar lo que escucho” me decía. Y digo casi porque yo se lo impedí, recuerdo perfectamente aquel día fatídico.

Aquel día Ángel llamó a mí casa, muy nervioso, le pregunté que le pasaba. No quiso decírmelo. Solo me preguntó si podíamos quedar dentro de una hora en el mismo sitio de siempre, aquel oscuro parque. Tenía una gran preferencia por la oscuridad
En realidad lo entendía, lo entendía perfectamente. Él no tenía apenas amigos y yo era su mejor amiga, aunque siempre me repetía una y otra vez que su mejor amiga y aliada era su guitarra. Con ella pasaba la mayor parte del tiempo. También decía que su mejor amigo era mi piano. Suena raro decirlo, mientras los demás se iban de botellón o de fiesta, nosotros nos encerrábamos en mi garaje...a tocar; así pasabamos las tardes...los días. A veces entre canción y canción me contaba que querría compartir su don con la humanidad, pero que sintiéndolo mucho por ellos, no podría. Alguna que otra vez lo había visto llorar mientras tocaba. Nunca quise preguntar. No quería incomodarlo. En esos momentos optaba por el “silencio” y dejaba que nuestra música hablase por nosotros. 
Ahora que lo pienso, nunca me dijo como había conseguido aquella guitarra, no se la habían comprado, pues el nunca pedía nada a su tío, ni a sus primos. Creo recordar que me comentó algo de que había estado trabajando para comprársela, pero no me dijo en qué, ni cuando fue eso, lo único que sabía es que esa guitarra era su pertenencia más valiosa y que siempre se aferraba a ella, ni siquiera salía a la calle sin ella. Un día le pregunte por qué siempre la llevaba, me contestó que sin ella, él no seria él. 
Sus padres murieron nada más nacer, o al menos eso me dijo. Vivía con su tío y su primo, de treinta años. Su tío era ex-presidiario, hacía dos años que había salido de la cárcel, en parte ese era uno de los motivos por el que no tenia muchos amigos, su familia inspiraba miedo, él sin embargo inspiraba pena, y por esto el no hablaba con nadie que no fuese un profesor, yo u otro chaval del instituto, que le acompañaba a veces a su casa. Pff su casa, creo recordar que fui solo una vez, y desde entonces Ángel me dijo que no fuese más allí, y yo tampoco es que lo quisiera. Era un piso grande, o al menos en comparación con otros lo era. Tenía un aire moderno, y  a la vez muy dejado. Yo sabía al igual que Ángel, que todo el dinero que entraba en esa casa, era dinero negro, de sucios negocios de su primo y de su tío. La habitación de Ángel sin embargo era muy pequeña, solo tenía una cama, una pequeña cómoda donde guardaba su escasa ropa, y arriba de esta una librería impregnada de libros usados, que su primo menor, “el Juan” le regalaba cuando terminaba de leerlos.

Juan era el único de la familia, que tenia un trabajo “honrado” aunque no ganaba gran cosa pues solo le pagaban la voluntad, era medico, y lo único que hacía era ayudar a los que no podían permitirse algún tipo de terapia o cirugía, el tío de ángel le había construido una clínica publica, al igual que su carrera, todo pagado a base de dinero negro, pero al menos ese era el único que ayudaba a otros, y así se libraba de vivir en aquella casa, Juan vivía en una de las plantas superiores de la clínica, y a veces Ángel se escapaba de su casa para acudir a su otro primo, la mayoría de la veces era para que le curase las heridas que su tío o su otro primo le habían hecho. Este era el único por el que sentía un poco de simpatía, y era este el que le regalaba todos los libros, la ropa y prácticamente todo, pues solo de él aceptaba dinero. También tenía un pequeño escritorio, con una lámpara, me sorprendió mucho el ver que eso era lo único que alumbraba su habitación. Además de tener las paredes pintadas de negro y llena de pósters de grupos de rock y famosos guitarristas. Ese día vi algo traumático, que con mucho que quiero olvidar, nunca olvidare, vi como su tío le daba una brutal paliza, aunque yo al intentar impedirlo también recibí mi parte. Desde entonces no volví más a aparecer por su casa. Cuando llegué al parque, vi a Ángel vestido de negro, para mi sorpresa no tenía su guitarra. Entonces le pregunté que le había pasado, y el se hecho a mis brazos, sin decir nada. Entendí en ese momento que algo muy grave debió haber pasado, pero ¿el qué? Al rato me dijo con una voz muy quebrada, “no soy yo, necesito ser yo”, empezó a balancearse, le costaba respirar, le pregunté si estaba bien, si querría que lo llevase a la clínica de Juan, me dijo que no, que no podía verlo, no en ese momento, fue entonces cuando todo paso muy rápido sin darme cuenta, Ángel cogió una especie de artilugio y se propino así mismo un golpe en el oído -“ESTAS LOCO” dame eso- le dije, hubo un forcejeo, pero finalmente conseguí arrebatarle el artilugio y lo tire al lago que había cerca de nosotros. Posteriormente le lleve a la clínica de Juan, el le curo y preguntó por la guitarra pero no contesto, le dijo que guardara reposo, pero que no perdería del todo su oído. Entonces fue cuando hablo y nos contó que su tío le había quitado la guitarra, Juan furioso salio de la clínica, lo ultimo que supe de el fue que le devolvió la guitarra a Ángel, y acto después estábamos en su funeral. Nunca quise preguntar que ocurrió. Desde ese día Ángel estaba más apagado. Había perdido un 60% de su oído izquierdo. También desde aquello, raro era el día que Ángel no estaba herido de alguna forma. Le repetí mil veces que se marchara, pero no podía. Un día en el garaje me atreví a ponerle mi voz a una canción, era la de “Angels” de Within temptations.  Y fue ese mismo día el más feliz para Ángel, ya que un joven nos escucho, le preguntó a Ángel si quería tocar para él. Él acepto.


Ese día comprendí que los milagros existen. En dos años se convirtió en un gran guitarrista. A veces me mandaba desde el extranjero pases VIP para sus conciertos. Solo lo vi una vez, y lo vi muy feliz, rebosaba de felicidad, y fue la ultima vez que lo vi, desde ese día solo hable con el por cartas, le dije que así era como quería recordarle siempre rebosante de felicidad, después de unos años, su nombre dejo de sonar, y no supe nada más de él, pero aún conservo su recuerdo en mi memoria, el recuerdo de su rostro rebosando de felicidad. 

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