Para la canción que da titulo a este relato y me dio
la inspiración para escribirlo.
Una vez casi se golpeo él mismo
los oídos, “prefiero estar sordo antes que escuchar lo que escucho” me decía. Y
digo casi porque yo se lo impedí, recuerdo perfectamente aquel día fatídico.
Aquel día
Ángel llamó a mí casa, muy nervioso, le pregunté que le pasaba. No quiso
decírmelo. Solo me preguntó si podíamos quedar dentro de una hora en el mismo
sitio de siempre, aquel oscuro
parque. Tenía una gran preferencia por la oscuridad.
En realidad lo entendía, lo entendía perfectamente. Él no tenía apenas amigos y yo era su mejor amiga, aunque siempre me repetía una y otra vez que su mejor amiga y aliada era su guitarra. Con ella pasaba la mayor parte del tiempo. También decía que su mejor amigo era mi piano. Suena raro decirlo, mientras los demás se iban de botellón o de fiesta, nosotros nos encerrábamos en mi garaje...a tocar; así pasabamos las tardes...los días. A veces entre canción y canción me contaba que querría compartir su
don con la humanidad, pero que sintiéndolo mucho por ellos, no podría. Alguna
que otra vez lo había visto llorar mientras tocaba. Nunca quise preguntar. No quería incomodarlo. En esos momentos optaba por el “silencio” y dejaba que
nuestra música hablase por nosotros.
Ahora que lo pienso, nunca me dijo como
había conseguido aquella guitarra, no se la habían comprado, pues el nunca pedía
nada a su tío, ni a sus primos. Creo recordar que me comentó algo de que había
estado trabajando para comprársela, pero no me dijo en qué, ni cuando fue eso,
lo único que sabía es que esa guitarra era su pertenencia más valiosa y que
siempre se aferraba a ella, ni siquiera salía a la calle sin ella. Un día le
pregunte por qué siempre la llevaba, me contestó que sin ella, él no
seria él.
Sus padres murieron nada más nacer, o al menos eso me dijo. Vivía con
su tío y su primo, de treinta años. Su tío era ex-presidiario, hacía dos años
que había salido de la cárcel, en parte ese era uno de los motivos por el que
no tenia muchos amigos, su familia inspiraba miedo, él sin embargo inspiraba
pena, y por esto el no hablaba con nadie que no fuese un profesor, yo u otro
chaval del instituto, que le acompañaba a veces a su casa. Pff su casa, creo
recordar que fui solo una vez, y desde entonces Ángel me dijo que no fuese más
allí, y yo tampoco es que lo quisiera. Era un piso grande, o al menos en comparación
con otros lo era. Tenía un aire moderno, y
a la vez muy dejado. Yo sabía al igual que Ángel, que todo el dinero que
entraba en esa casa, era dinero negro, de sucios negocios de su primo y de su
tío. La habitación de Ángel sin embargo era muy pequeña, solo tenía una cama,
una pequeña cómoda donde guardaba su escasa ropa, y arriba de esta una librería
impregnada de libros usados, que su primo menor, “el Juan” le regalaba cuando terminaba de leerlos.
Juan era el
único de la familia, que tenia un trabajo “honrado” aunque no ganaba gran
cosa pues solo le pagaban la voluntad, era medico, y lo único que hacía era
ayudar a los que no podían permitirse algún tipo de terapia o cirugía, el tío
de ángel le había construido una clínica publica, al igual que su carrera, todo
pagado a base de dinero negro, pero al menos ese era el único que ayudaba a
otros, y así se libraba de vivir en aquella casa, Juan vivía en una de las
plantas superiores de la clínica, y a veces Ángel se escapaba de su casa para
acudir a su otro primo, la mayoría de la veces era para que le curase las
heridas que su tío o su otro primo le habían hecho. Este era el único por el
que sentía un poco de simpatía, y era este el que le regalaba todos los libros,
la ropa y prácticamente todo, pues solo de él aceptaba dinero. También tenía un
pequeño escritorio, con una lámpara, me sorprendió mucho el ver que eso era
lo único que alumbraba su habitación. Además de tener las paredes pintadas de
negro y llena de pósters de grupos de rock y famosos guitarristas. Ese día vi algo
traumático, que con mucho que quiero olvidar, nunca olvidare, vi como su tío le
daba una brutal paliza, aunque yo al intentar impedirlo también recibí mi
parte. Desde entonces no volví más a aparecer por su casa. Cuando llegué al
parque, vi a Ángel vestido de negro, para mi sorpresa no tenía su guitarra.
Entonces le pregunté que le había pasado, y el se hecho a mis brazos, sin decir
nada. Entendí en ese momento que algo muy grave debió haber pasado, pero ¿el
qué? Al rato me dijo con una voz muy quebrada, “no soy yo, necesito ser yo”,
empezó a balancearse, le costaba respirar, le pregunté si estaba bien, si
querría que lo llevase a la clínica de Juan, me dijo que no, que no podía
verlo, no en ese momento, fue entonces cuando todo paso muy rápido sin darme
cuenta, Ángel cogió una especie de artilugio y se propino así mismo un golpe en
el oído -“ESTAS LOCO” dame eso- le dije, hubo un forcejeo, pero finalmente
conseguí arrebatarle el artilugio y lo tire al lago que había cerca de
nosotros. Posteriormente le lleve a la clínica de Juan, el le curo y preguntó
por la guitarra pero no contesto, le dijo que guardara reposo, pero que no
perdería del todo su oído. Entonces fue cuando hablo y nos contó que su tío le
había quitado la guitarra, Juan furioso salio de la clínica, lo ultimo que supe
de el fue que le devolvió la guitarra a Ángel, y acto después estábamos en su
funeral. Nunca quise preguntar que ocurrió. Desde ese día Ángel estaba más
apagado. Había perdido un 60% de su oído izquierdo. También desde aquello, raro
era el día que Ángel no estaba herido de alguna forma. Le repetí mil veces que
se marchara, pero no podía. Un día en el garaje me atreví a ponerle mi voz a
una canción, era la de “Angels” de Within temptations. Y fue ese mismo día el más feliz para Ángel,
ya que un joven nos escucho, le preguntó a Ángel si quería tocar para él. Él
acepto.
Ese día
comprendí que los milagros existen. En dos años se convirtió en un gran
guitarrista. A veces me mandaba desde el extranjero pases VIP para sus
conciertos. Solo lo vi una vez, y lo vi muy feliz, rebosaba de felicidad, y fue
la ultima vez que lo vi, desde ese día solo hable con el por cartas, le dije
que así era como quería recordarle siempre rebosante de felicidad, después de
unos años, su nombre dejo de sonar, y no supe nada más de él, pero aún conservo
su recuerdo en mi memoria, el recuerdo de su rostro rebosando de felicidad.
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