A su paso, oía
las voces de reproche que tanto le perseguían. No les hacía mucho caso, aunque
sabía que solo ellas les decían la verdad, una verdad cruelmente cierta, y es
que no podía seguir como hasta ahora, casi no dormía por las noches, drogas,
sexo, fiestas, cada vez peor, en ese momento no podía frenar aquella situación.
A penas estudiaba en el instituto, no se explicaba como solamente había
suspendido cuatro. Casi siempre acudía al centro con los ojos irritados y
rojos, un tanto desorientado y la cara pálida, en esta temporada había pasado
por alteraciones de su peso además de su conducta de vez en cuanto temblaba y
sudaba sin ninguna razón aparente, solo él sabia que eso era por los efectos de
la droga. Tal era su situación que había aprendido a no dormir, sacrificaba las
noches para estudiar. ¿Qué hacía entonces por el día? Se pasaba las tardes en
la calle, ¿Qué a donde iba? A cualquier sitio, algún suburbio oscuro, no eran
lugares con alguna particularidad, es mas ni siquiera le gustaba ir allí pero acudía
siempre que le llamaban. Aunque en el fondo quería dejar ese vicio no podía.
Las noches de fiesta y desenfreno se convirtieron en costumbre.
El vicio lo
arrastraba a un agujero sin fin. Iba por la vida como una sombra, no hablaba
con nadie y si lo hacia siempre acababa en discusión. A penas comía o bebía, la
droga le quitaba el hambre y la sed. Esa era la espiral de su vida. Su insomnio
y su escasez de peso se le mezclaban con los síntomas de las drogas que tomaba
y el trasnoche. Su sed solo se la quitaba el vicio, cuando no estaba por las calles, tirado en algún
banco con esa gente que lo acompañaba, o de fiesta nocturna (eran fiestas que
lo dejaban aun más vacío pero de la que no podía huir) inyectándose, tomándose
o esnifando aquella droga, se la pasaba delante de la pequeña pantalla, en la
red.
No era extraño
si le registrabas encontrarle alguna de aquellas pequeñas capsulas, las llevaba
siempre consigo, dos o tres y hasta seis al día si la cosa iba muy mal. Una vez
debido a una sobre dosis tuvo que ingresar por unos días en el hospital y al
salir otra vez vuelta a empezar. “Vicio, Vicio, Vicio, Vicio...” esas palabras las llevaba tatuadas
en su piel y jamás podría despegarse de ellas.
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