Tumbé
un colchón tapando el ventanal del salón, comprobé que todas las persianas y
cortinas estuviesen bien cerradas, luego volteé los armarios hacia estas para
evitar que los infectados entraran, en unas horas mi piso se había convertido
en un fuerte anti-infectados. Tras eso, me quedé por un rato agazapado en una
esquina de mi piso, me encontraba abrumado. No podía volver a conciliar el
sueño, pues nada más cerrar los ojos veía aquella cabeza saltando por los
aires…Y todo esto solo parecía empezar. Jamás podría haber creído que algo que
había visto en tantas películas de terror y acción podría suceder en la vida real.
De
vez en cuando escuchaba pasos en el pasillo, casi no se atrevía a mirar por la
mirilla… ¿qué sería de sus vecinos? ¿De sus amigos? ¿De sus familiares? …no
tenía ni idea de nada. Respiró profundamente y se volvió a levantar.
Cogió
una de las patas de una de las sillas del salón y le adhirió uno de los
cuchillos en la punta con cinta americana, repitió esta acción con las demás
patas. Así obtuvo unas cuantas lanzas que le serviría para combatir a esas
criaturas desde una distancia más segura. Revisó la comida, ni por asomo tenía
las suficientes provisiones como para sobrevivir en su piso, por tanto, aquel
lugar ya mismo dejaría de ser su hogar. “Las autoridades recomiendan no salir
de casa…” se repitió.
Si
no se recomienda, es porque aún no es peligroso salir de casa…no al menos si estas armado. “Buah” Me disponía a
realizar la tercera estupidez de la noche. Salir de nuevo de casa. La escopeta
de plomillos de poco iba a servirme así que, cogí dos de las lanzas/estacas que
había fabricado y el machete, y despacio y con sumo sigilo salí a la calle. La
persona que había disparado al primer infectado debía de pensar que yo era un
loco, o un imbécil más bien, tal vez no se equivocaba y yo me acercaba bastante
más al típico torpe de película de terror, que al típico héroe que siempre
salvaba al mundo…
Ya
empezaba a amanecer y para mi sorpresa, esta vez yo no era el único viandante de
la calle, vi algún que otro vehículo conduciendo rápidamente por las
carreteras, y personas que con mascarillas y guantes (como recomendaban en la
televisión) caminaban apresurados por la calle, también iban armados con armas
caseras al igual que yo. Tal vez la epidemia o el brote o lo que fuese no había
llegado hasta los barrios periféricos como el mío, quizás aquel muchacho infectado
había sido el único al llegar tan lejos. De repente, observé a lo lejos como
una pandilla de enmascarados rompían escaparates para robar todo lo que
pudiesen de la tienda. Era un pequeño comercio de comestibles oriental, otras
pandillas de jóvenes y no tan jóvenes también saqueaban otros comercios.
Parecía que ya nada les importaba. Un coche patrulla local, de la comisaría
cercana, patrullaba por el barrio, paró frente a mí.
-Vuélvase
a su casa amigo. –Me dijo con una voz un tanto áspera– La calle ya no es un
sitio seguro, y hace como media hora que se ha puesto en marcha el toque de
queda. Solo podrá usted salir de dos de la tarde a cuatro de la tarde. Dicen
que esa es la hora más segura para salir a la calle a reponer provisiones. –Me
explicó mientras yo asentía cada palabra suya– Ah, se me olvidaba, no haga mucho
ruido, parece que les atrae. –Y dicho esto siguió su camino.
Por
eso estaba todo tan silencioso, ahora lo entendía. De camino a casa miraba
hacia los edificios, algunas personas se hallaban vigilando acechantes desde
sus ventanas. Sin venir a cuento, me vino a la mente la persona que había
disparado a aquel tipo. ¿Debería buscarlo? ¡La unión hace el poder! Me repetí
en voz alta. Así que, sin pensármelo dos veces, volví al punto exacto dónde habían
matado aquel infectado (aún no sabía cómo denominar a aquellos seres) y miré
hacia dónde me parecía que había sido el lugar de procedencia de la bala. Acto
seguido zarandee los brazos de un lado para otro como señal. Estuve así un buen
rato, a decir verdad era una imagen bastante patética la mía, pero era una
situación en la que el patetismo no importaba.
Al
final, mis señales obtuvieron respuesta, y de uno de los pisos divisé un haz de
luz verde incandescente. Me acerqué al portal, una voz ronca me invitaba a
subir, y así lo hice. Tras subir las escaleras y sin saber a qué puerta debía
llamar, una de ellas se abrió de un modo un poco lúgubre.
-Adelante.
Se
escuchó una voz no tan ronca como la del porterillo, y un tanto aterciopelada
provenía de una sombra que había retornado al interior de la casa.
-No
deberías haber sido tan imprudente está mañana, por tu culpa un poco más y en
vez de tener que matar a un zombi
habría tenido que matar a dos, y no estamos como para derrochar balas ¿sabes?
–Hablaba de una manera muy tosca, como una madre que regaña a su hijo pequeño.
-Lo…lo
siento. –Dije tartamudeando un poco.
-¿No
te mordería o algo antes de que lo matase no?
Negué
con la cabeza, aunque no pareció verme por lo que repetí la negación con
sonidos.
-Muy
bien. Voy a examinar que realmente no estés contagiado.
De
la penumbra salió una chica joven, tendría mi edad o un par de años más.
Se
acercó a mí, llevaba puestos unos guantes azules de látex y sostenía una
pequeña linterna. Me observó los ojos, la garganta, me giró la cabeza a uno y
otro lado, me levantó los brazos…una exploración en toda regla. Casi me puse
rojo de tal minuciosa observación.
-¿Estás
aquí sola? –Pregunté un poco confuso.
-Sí.
Mi padre murió hace años y mi único hermano está en Alemania trabajando de
enfermero con mi madre. Yo acabé hace poco de estudiar en la universidad. Como
puedes observar soy aficionada a las armas. –Esto último lo dijo señalando a un harén de armas que tenía en su casa, al menos había unos tres tipos de escopetas
y varias pistolas– No te preocupes, no soy una psicópata o algo así, tengo
licencias de cada una de ellas, todo en regla. Tantos videojuegos al final han
servido para sobrevivir a las epidemias zombis como esta.
Zombi,
otra vez aquella palabra, le resultaba tan irreal que una epidemia de zombis
asolara en esos momentos media parte de Andalucía.
-¿Sabes
que magnitud ha alcanzado todo esto?
-Preguntas
mucho, parece como si no vivieses en la tierra, ¿acaso aún no te has enterado
de todo lo que está pasando? –Parecía que volvía a regañarme.
-He
visto un rato la televisión.
La
joven muchacha rió y siguió hablando.
-Un
rato la televisión…–Cogió entonces un portátil que tenía a mano, lo abrió y
empezó a buscar información en buscadores extranjeros y en youtube– Mira esto.
-Se
está extendiendo rápido, muy rápido, cada vez lo es más. En unos 4 o 5 días hay
más de medio millón de infectados, a primera hora de la noche solo había
10.000…pero es que cada infectado contagia sin saberlo a otros tantos, y lo peor,
los zombis, muerden a todo el que les pilla en su camino. Cada zombi a la hora
podría morder a yo que sé ¿50? Si no se le frena, y según he leído, cuando uno
de ellos te muerde la transformación en zombi es más rápida, así que sí en la
calle hay tanto miles de zombis y cada uno de ellos muerde a unos 50 imagínate
la gravedad del asunto mañana a esta misma hora. Está pasando de una manera
pasmosamente rápida, más de lo previsto por el gobierno central, no pretendo
asustarte chico, pero esta historia puede acabar muy, muy mal. Ya han
trasladado a todo el ejército de España en plan frontera alrededor de
Andalucía, aeropuertos, estaciones, puertos…todos están cerrados, las
carreteras controladas por la policía, los legionarios y soldados de la base de
Morón se han desplazado a Sevilla y a cercanías de Málaga, tienen orden de que
nadie salga de aquí. De que esta enfermedad o lo que sea, no salga de aquí.
¿Entiendes lo que significa eso?
Se
hizo un gran silencio y volvió a poner
las noticias en internet.
“Las fuerzas antidisturbios están preparadas
en Sevilla para disparar ante estos seres que, por la información suministrada,
es imposible de curar”
“Una persona contagiada en primera
fase, es imposible de detectar sin un análisis de sangre. Las fuerzas de seguridad
no han podido mantener la cuarentena del hospital, el personal está contagiado
en su totalidad. El foco esta expandiéndose a una velocidad vertiginosa.
Sevilla se ha envuelto en una ola de conflicto y violencia, más que una
epidemia, es una plaga…y solo han pasado 5 días…desde el primer contagio…”
“La OMS, la CCS y las ONU, ponen en cuarentena la India,
país de origen de la epidemia. El gobierno español, por la presión nacional e
internacional, coloca una frontera de emergencia en todo el territorio andaluz, puesto que solo ahí se han detectado casos de esta epidemia. Debido a la
“rapidez” del contagio, del cual aún no se sabe de qué manera se propaga y al no
poder poner una solución, aeropuertos, estaciones marítimas, red de trenes, de carreteras y de autobuses quedan cerradas. Se alerta a la población de que no cunda
el pánico. Dispositivos militares de Andalucía se ponen en alerta y ayudan a
vigilar la nueva frontera. Nadie puede salir de allí, ni nadie podrá entrar,
para guardar el orden en la comunidad autónoma están las fuerzas de seguridad
del estado, permanezcan en sus casas, no salgan a no ser que sea para buscar
provisiones. Se alerta de un toque de queda. La nueva hora de salida será de
tres de la tarde a cuatro de la tarde, quedando pues prohibido que salga en las
horas restantes de sus respectivos hogares o refugios; quién no respete este toque
de queda, quedará expuesto a riesgo grave de infección o de lesión mortal por
parte de las fuerzas de seguridad y orden”
-Básicamente
te pegarán un tiro si te ven en la calle…–Comenté– Dios mío… –Seguí– ¿Cómo es
posible que pongan en cuarentena un país? La India ni más ni menos… ¿Qué es
esto?
Aquella
mujer hacía caso omiso a mis comentarios, mientras solo ponía noticias y videos
de internet, videos demasiados impactantes para mi, en aquel momento, estaba poniéndome
malo.
“Parece que hay un momento en el
que les da como…un infarto cerebral o algo así, entonces la persona muere, y al
instante…renace. ¡¡Lo que oyen, renacen, esas personas se convierten en zombis!!
“Las primeras horas son
primordiales, se ha detectado que son en estas horas cuando estos seres solo
muerden... es como si quisieran contagiar a todo el mundo. Pasada esa ola de violencia
incontrolable solo se dedican a…comer…”
Tantas
noticias e imágenes me abrumaban la mente, la situación era irreal. Salí
corriendo sin mirar atrás de la casa de aquella muchacha, escuché que me
llamaba pero no hice caso alguno. Todo esto debía ser una mala pesadilla, sí,
seguro que era eso, no podía suceder lo que estaba sucediendo, simplemente era imposible.
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