sábado, 25 de febrero de 2017

La fábula de las serpientes de Batatá


B
atata era un reino muy soleado con un lago inmenso dónde unos esplendidos patitos vivían felizmente entre sus aguas. Batata también tenía un gran bosque, dónde animalitos de todas clases convivían en armonía.
Había dragones en sus montañas y ogros en sus cuevas, serpientes bajo las rocas, conejitos en sus madrigueras y cervatillos en las laderas. También había grandes y bellos árboles que impregnaban de hermosura el paisaje de Batata.
Los patitos y los dragones siempre se llevaron bien, unas y otras especies jugueteaban a menudo en las cercanías del lago.
Las serpientes siempre habían tenido envidia de esa relación tan buena de los dragones y los patitos, porque hacia ellas siempre había un gran recelo. Nadie se llevaba bien con las serpientes de Batata salvo los ogros de las cuevas.
Un día, la reina de las serpientes fue arrastrándose hacia las cuevas para ver al jefe ogro. La reina serpiente estaba muy enfadada ella también quería ir al lago, y volar con los dragones. Por eso, le pidió al jefe ogro que organizase un concurso, en el que participase los dragones, los patos, los ogros y las serpientes.
El ganador de aquel concurso podría disfrutar del lago con tranquilidad durante un batatino, mientras que el perdedor tendría que seguir las órdenes del ganador.
Aunque mamá patito no vio con buenos ojos aquel concurso, a los dragones (orgullosos que eran) les hacía mucha ilusión participar y así podrían descansar de las serpientes una buena temporada si ganaban, ya que estaban todo el día incordiando en el lago.
El jefe ogro siempre vio el rechazo de las serpientes por parte de todos, y no le gustaba nada; por ello, la reina serpiente y el jefe ogro, acordaron hacer trampa para que uno de ellos ganase el concurso.
El juez del concurso sería el abuelo liebre. El era una liebre sabia e imparcial.
El concurso consistía en que había que encontrar tres objetos escondidos por el bosque, que el abuelo liebre había ocultado, pero sin saber que una de las serpientes estaba espiándole todo el tiempo, para soplarles luego las ubicaciones de los objetos a ogros y serpientes.
En el concurso participaron tres patitos, dos dragones, tres serpientes y dos ogros. Cada uno, tenía un mapita que abuelo liebre había hecho. El primero de todos que encontrase los tres objetos ganaría.
Cuando el concurso se dio por comenzado todos y cada uno empezaron a guiarse por el mapa, mas, los ogros y las serpientes ya estaban al tanto del lugar, y mientras unas y otros se encargaban de despistar y entorpecer la búsqueda de los dragones y de los patitos, un ogro junto con una serpiente fueron directamente a dónde se encontraban los objetos.
Como era de esperar, ganaron el concurso y los dragones y los patitos se sintieron muy disgustados. No tendrían más remedio que cederles el lago un batatino entero a las serpientes.
Al día siguiente, las serpientes muy contentas y llenas de ilusión intentaron juguetear allí, con otros patitos y algunos dragones como estipulaba la recompensa del concurso.
Pero ellos no tenían ganas, no se llevaban bien con las serpientes, y simplemente lo hacían por obligación. Una de las serpientes se enfado con uno de los patitos por su desgana y le picó. El patito se fue llorándole a mamá patito, y el dragón le dijo que no podía hacerles eso, y que, aunque tuviesen el lago, no jugarían más con ellas.
Las serpientes se fueron tristes hacia el bosque después de aquel día, ellas solo querían jugar con ellos como los demás. ¿Por qué nadie quería?
Al cabo de un rato, el abuelo liebre descubrió a la reina serpiente llorando en un lugar apartado del bosque.
-¿Por qué lloras? -Le preguntó.
-Nadie quiere jugar con los de nuestra especie. Ni si quiera por haber ganado el concurso. –Dijo la reina serpiente llorando.
-No puedes obligar a nadie a jugar contigo. –Le contestó.
-Pero…yo solo quiero jugar con ellos también.
-Debes hacerles ver que no sois mala como todos piensan, que a pesar de vuestro carácter solo queréis jugar como juegan los patitos y los dragones. – Le aconsejó el abuelo liebre.  
-Pero… ¿cómo? –Preguntó desconsolada la reina serpiente.
-Dejadles que vean como sois de verdad.
En aquel momento, la reina serpiente se seco las lágrimas y fue a buscar a la mamá patito, y le contó toda la verdad, que solo quería jugar con ellos, y que en el fondo no eran malas como la fama decía.
Mamá patito miró a los ojos a la reina serpiente y vio que lo que decía era verdad, y que a pesar de las apariencias guardaban un corazón bondadoso. Entonces  habló con los demás patitos y con los dragones. Ya no hacía falta concursos, ni peleas, todos intentarían jugar juntos en paz, porque aunque parecieran malas, la verdad era que solo querían disfrutar como todos los demás.


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