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atata
era un reino muy soleado con un lago inmenso dónde unos esplendidos patitos
vivían felizmente entre sus aguas. Batata también tenía un gran bosque, dónde
animalitos de todas clases convivían en armonía.
Había
dragones en sus montañas y ogros en sus cuevas, serpientes bajo las rocas,
conejitos en sus madrigueras y cervatillos en las laderas. También había
grandes y bellos árboles que impregnaban de hermosura el paisaje de Batata.
Los
patitos y los dragones siempre se llevaron bien, unas y otras especies
jugueteaban a menudo en las cercanías del lago.
Las
serpientes siempre habían tenido envidia de esa relación tan buena de los
dragones y los patitos, porque hacia ellas siempre había un gran recelo. Nadie
se llevaba bien con las serpientes de Batata salvo los ogros de las cuevas.
Un
día, la reina de las serpientes fue arrastrándose hacia las cuevas para ver al
jefe ogro. La reina serpiente estaba muy enfadada ella también quería ir al
lago, y volar con los dragones. Por eso, le pidió al jefe ogro que organizase
un concurso, en el que participase los dragones, los patos, los ogros y las
serpientes.
El
ganador de aquel concurso podría disfrutar del lago con tranquilidad durante un
batatino, mientras que el perdedor tendría que seguir las órdenes del ganador.
Aunque
mamá patito no vio con buenos ojos aquel concurso, a los dragones (orgullosos
que eran) les hacía mucha ilusión participar y así podrían descansar de las
serpientes una buena temporada si ganaban, ya que estaban todo el día
incordiando en el lago.
El
jefe ogro siempre vio el rechazo de las serpientes por parte de todos, y no le
gustaba nada; por ello, la reina serpiente y el jefe ogro, acordaron hacer
trampa para que uno de ellos ganase el concurso.
El
juez del concurso sería el abuelo liebre. El era una liebre sabia e imparcial.
El
concurso consistía en que había que encontrar tres objetos escondidos por el
bosque, que el abuelo liebre había ocultado, pero sin saber que una de las
serpientes estaba espiándole todo el tiempo, para soplarles luego las
ubicaciones de los objetos a ogros y serpientes.
En
el concurso participaron tres patitos, dos dragones, tres serpientes y dos
ogros. Cada uno, tenía un mapita que abuelo liebre había hecho. El primero de
todos que encontrase los tres objetos ganaría.
Cuando
el concurso se dio por comenzado todos y cada uno empezaron a guiarse por el
mapa, mas, los ogros y las serpientes ya estaban al tanto del lugar, y mientras
unas y otros se encargaban de despistar y entorpecer la búsqueda de los
dragones y de los patitos, un ogro junto con una serpiente fueron directamente
a dónde se encontraban los objetos.
Como
era de esperar, ganaron el concurso y los dragones y los patitos se sintieron
muy disgustados. No tendrían más remedio que cederles el lago un batatino
entero a las serpientes.
Al
día siguiente, las serpientes muy contentas y llenas de ilusión intentaron
juguetear allí, con otros patitos y algunos dragones como estipulaba la
recompensa del concurso.
Pero
ellos no tenían ganas, no se llevaban bien con las serpientes, y simplemente lo
hacían por obligación. Una de las serpientes se enfado con uno de los patitos
por su desgana y le picó. El patito se fue llorándole a mamá patito, y el dragón
le dijo que no podía hacerles eso, y que, aunque tuviesen el lago, no jugarían
más con ellas.
Las
serpientes se fueron tristes hacia el bosque después de aquel día, ellas solo
querían jugar con ellos como los demás. ¿Por qué nadie quería?
Al
cabo de un rato, el abuelo liebre descubrió a la reina serpiente llorando en un
lugar apartado del bosque.
-¿Por
qué lloras? -Le preguntó.
-Nadie
quiere jugar con los de nuestra especie. Ni si quiera por haber ganado el
concurso. –Dijo la reina serpiente llorando.
-No
puedes obligar a nadie a jugar contigo. –Le contestó.
-Pero…yo
solo quiero jugar con ellos también.
-Debes
hacerles ver que no sois mala como todos piensan, que a pesar de vuestro
carácter solo queréis jugar como juegan los patitos y los dragones. – Le
aconsejó el abuelo liebre.
-Pero…
¿cómo? –Preguntó desconsolada la reina serpiente.
-Dejadles
que vean como sois de verdad.
En
aquel momento, la reina serpiente se seco las lágrimas y fue a buscar a la mamá
patito, y le contó toda la verdad, que solo quería jugar con ellos, y que en el
fondo no eran malas como la fama decía.
Mamá
patito miró a los ojos a la reina serpiente y vio que lo que decía era verdad,
y que a pesar de las apariencias guardaban un corazón bondadoso. Entonces habló con los demás patitos y con los
dragones. Ya no hacía falta concursos, ni peleas, todos intentarían jugar
juntos en paz, porque aunque parecieran malas, la verdad era que solo querían
disfrutar como todos los demás.
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