« Resulta
curioso observar que la mayoría de las personas pueden trabar conocimiento con
alguien y, gradualmente, ir enamorándose sin llegar nunca a saber cuándo empezó
todo exactamente. Pero Ruth lo sabía con toda precisión. Cuando Idgie le sonrió
y le ofreció la jarra de miel, todos los sentimientos que había tratado de
sofocar la inundaron; y en aquel mismo instante supo que amaba a Idgie con todo
su corazón. Por eso se había echado a llorar aquel día. Nunca había sentido
nada parecido, y comprendió que probablemente nunca volvería a sentirlo por
nadie. »
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