A veces inocente observaba a la
gente. A veces mientras caminaba con ellos, no me fija del todo en sus
interiores, hasta que un día decidí oír; Y oí como la envidia les corría por
dentro, oí como dentelleaban fuego con cada mirada, oí como ansiaban tortura
por simple envidia, oí como deseaban el mal hacia aquellos a los que
envidiaban.
Nunca entendí como ese
sentimiento podía ser a veces tan fuerte y grotesco, como poder odiar de la
noche a la mañana a quien fue tu mayor amigo, como odiar a quien fue el amor de
tu vida...
Y nunca entenderé como pueden los
hombres empezar guerras sucumbidos por la envidia, la envidia desembocando en
un ardido afán de destrucción y un fuerte odio.
Vi a como las personas se
destrozaban unas a otras, por cosas materiales, a veces por cosas inmateriales,
vi amigos romper el lazo que les unía solo por envidia. Vi a amantes matándose
por esa causa. Y vi como se desarmaba sangre sin cesar, como se torturaban sin piedad.
Como el dolor, no importaba, y
como las lagrimas y los gritos eran imperceptibles para los que lo hacia
sufrir, lo que les controlaba, era la envidia.
Y por ello veo como ésta destruía
la humanidad.
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