Dicen que...el amor corrompe los corazones puros y purifica a los
impuros.
Llegó una vez a mi puerta eso que
llaman amor y maldita la hora en que dejé que se quedase más allá del hall. Creí
tenerlo todo bajo control, pero por aquellos entonces no sabía muy bien que hay
cosas que se nos escapan de todo cálculo, que siempre hay un decimal mal
redondeado, que hace que en la cuenta salga error.
Todo empezó como suele empezar,
lleno de rosas y poemas que adornaban mi hogar, de momentos de lunas llenas y
cielos plagados de estrellas.
“Nada importa, si te tengo a
ti”... Maldito fallo cometí. Alejada de la realidad sin salir de aquel hogar,
alejada de quienes se importaban por mí de verdad. Cegada sin saber que cada
vez más me adentraba en la soledad.
El amor trajo a casa numerosos
invitados que nunca había dejado pasar, pero era demasiado tarde para
contrarrestarlo; Entraron los celos y esa avaricia, de tener a quien amaba
siempre junto a mí.
Mi alma estaba siendo corrompida
por momentos... Inesperada vez, que la crueldad se abrió paso ante mí, fuera de
control, mi ética se había transformado; Siendo como siempre había odiado
ser...Sintiendo lo que nunca quise sentir.
Volteando mi moral para
justificar mis pecados, adorando la libertad me convertí en dictadora. Guiada
por mi nueva consciencia hacía la autodestrucción. Machacando cada escalón,
para evitar los errores que produzcan dolor, sin caer en la cuenta, de que
destruía la escalera con la que debía bajar después. Al subir entonces me di
cuenta, de que el dolor de ver todo destruido sería peor, que el dolor de los
errores que intente evitar.
Lleve su pena en mi piel día tras
día; Todo se sumió en el caos y vi lo que llegó a ser un hogar convertido en
escombro. Ya no era la razón la que dictaba mis actos, sino el rencor. Acabe con
las manos manchadas de la sangre de mis errores; Justo precio para aquel que se
deja seducir. Finalmente todos los huéspedes desaparecieron, quedándome en un
vacío. Como suele pasar, se llega tarde a ver la realidad que se escondía tras
la oscuridad.
Odiosa prueba de este corazón blanco, que terminó tiñéndose de negro.
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