Era una fría y solitaria noche,
las sinuosas calles de Marín, se hallaban vacías, parecía que aquel suceso
había conmocionado a sus habitantes, no era del todo habitual que las calles de
aquel pequeño pueblo gallego, mostrara tal apariencia. La LUNA se reflejaba en las
aguas del océano, y la pequeña isla frente a su costa mostraba una apariencia
un tanto lúgubre. Fui directamente a la casa dónde me habían destinado a vivir
los próximos cinco meses. Había dejado a mi familia y amigos por aquella gran
oportunidad. Deshice mis maletas, (aunque no había mucho que deshacer) y me
instalé por completo. Reposé un rato en la cama, posé sobre la mesita de noche
todas las anotaciones y pequeños informes sobre aquel misterioso caso, que
debía investigar. Resultaba ser, que en la pequeña isla un hombre había
desaparecido. Pero…su lancha, había vuelto al pueblo, como por arte de magia,
prácticamente sola.
La policía local, había registrado la isla, y no habían hallado el cuerpo del joven. “Que sumamente extraño” – pensé. “Hay testigos que vieron salir en lancha al joven, completamente solo, se sabe que llegó, pues había huellas que coincidían con su calzado, huellas, que al rato desaparecen, y al cabo de dos horas los testigos ven la lancha retornar al pueblo, completamente sola”…¿cómo pudo volver? Alguien tuvo que ponerla en marcha. ¿Sería el mismo alguien con el que el joven había quedado en aquella isla? ¿Sería esa persona el asesino del joven, o solo un compinche en un astuto juego del joven…?
A la mañana siguiente, partí hacia la isla, para mi sorpresa vi HUMO, saliendo de una zona. Seguí la señal, hasta el lugar dónde se producía. Nuevamente no había nadie. La situación ya me estaba sacando de mis casillas. De pronto, escuché un extraño sonido, me di la vuelta vi una sombra, parecía una persona con una GABARDINA negra. Corrí tras ella como si de salvar a mi vida se tratase, pero aquella persona también se dio cuenta de mi presencia y era mucho más rápida que yo. Observé el terreno por si había huellas, pero fue en vano. El terreno no parecía el propicio para dejar huellas, tal vez en aquel tiempo, hubiese llovido, o algo por el estilo, de lo contrario las huellas halladas del joven desaparecido, habrían sido dejadas a posta. Cuando volví a mi casa, le di varias vueltas al asunto. ¿Quién sería aquella persona?, ¿qué hacía allí? En la isla, había un faro, aunque según mis datos el faro, actuaba de modo automático, y solo una vez a la semana iba alguien del personal a revisarlo, y ese había sido el día anterior a la desaparición del joven, osea que no pudo ser el encargado del faro la otra persona que se hallaba en la isla. Obviamente, el que hizo el fuego, era la persona con la gabardina. O… ¿Tal vez era el mismo joven desaparecido?
Por la tarde fui a interrogar a los familiares y amigos del joven desaparecido. De ellos pude sacar muy pocos datos, al parecer, el joven estaba a punto de alistarse en la escuela naval de Marín. Toda su familia estaba muy contenta con ello. Le pregunté a su madre si sabía si su hijo usaba alguna gabardina, pero contesto que nunca en la vida lo habían visto con una. Una de las cosas en las que me fije nada más entrar en la casa del joven, era en un MARCO roto en el mueble del salón. Pregunté el porqué de aquello, pero no obtuve respuesta alguna. Aquel caso era una pregunta tras otra pregunta sin obtener ninguna respuesta. Cada vez más sentía que estaba dando palos de ciegos. Decidí buscar a la novia del joven. Pero se suponía que ella al enterarse de la desaparición del joven se había ido del pueblo, esto era demasiado raro, y es ahí cuando ya empecé a desconfiar. Volví al siguiente día a la isla, algo raro pasaba allí, el cielo de nuevo se hallaba nublado, y a pesar de ser verano, el ambiente estaba refrescado por una suave brisa helada. Si no me equivoco, ande y ande por la isla, durante más de tres horas, y no encontré rastro o pista alguna. Ni del joven, ni de la otra persona. Harto ya andar, descanse en las cercanías de un pequeño RÍO, me refresqué la cara y las manos, el agua estaba cristalina, la verdad es que en aquel lugar reinaba la paz y la tranquilidad, podría ser un buen lugar para vivir. “Un buen lugar para vivir…” volví a repetir en voz baja. “¡Eso es!” Me surgió entonces una idea. El joven desaparecido, había decidido cambiar sus planes de alistamiento en la escuela naval, y en cambio había decidido vivir con su novia en aquella isla, sin que nadie lo supiera, y con toda la paz del mundo. Nada más volver al pueblo me puse manos a la obra en buscar donde se había ido la novia del joven. Y para mi tristeza y desilusión, la encontré, ahora vivía en Pontevedra. Quedé con ella, pero no me dio muchos datos. Y otra vez, volvía a empezar mis conjeturas. ¿Quién sería aquella otra persona? ¿Sería que el joven estaba muerto? Fui al bar de enfrente de la escuela naval, tenía ganas de tomarme algo, pero estaba un tanto torpe, y desramela COPA en la mesa, y de nuevo de la nada me surgió
una nueva idea. Algo ocultaban en este caso, había algún dato que se me
escapaba, al derramárseme la bebida, me acorde que aquel día, la novia del
joven, estaba un tanto nerviosa, parecía como si no me estuviese contándome
toda la verdad. No serviría de nada volverla a entrevistar por lo que decidí
investigar sin ayuda de nadie. También recordé que la fotografía rota, era del
joven y su novia. Tal vez, el planeaba dejarla, y tal vez la persona que vi en
la isla, era su amante. Y de nuevo, retorné a la isla en busca de algún refugio
o “hogar” en el que dos personas jóvenes pudiesen vivir. Eso también me llevó lo suyo, casi empezaba a anochecer. La gente del pueblo era reacia a permanecer
a esas horas en aquella solitaria isla, pero yo, me adentre aún más en ella,
tal vez ahora que todo estaba oscuro, se abriría una pequeña luz en la
oscuridad. Saqué de mi mochila linterna de luz roja y alumbre mis pasos con
ella. Cada vez que tenía una solución bastante acertada, ésta parecía escaparse
de mis manos cuanto más cerca se hallaba de mí. De repente topé con algo que no
parecía ni un árbol ni una roca…era algo…de otro material…alumbré con mi
pequeña luz roja, y para mi sorpresa, era un CANDELABRO, lo cogí y encendí sus
velas con unas cerillas para alumbrar mejor el camino. Y al ver lo que alumbraba
quedé extasiada. Era un pequeño pasadizo, que se abría paso en una cueva. Al
llegar al fondo del pasadizo, vi lo que parecía un hogar. ¡Al fin! Una mujer,
se hallaba en la habitación y más tarde se hizo ver, el joven desaparecido. Al
parecer mis últimas conclusiones eran certeras. Después de mucho comentarlo,
todo salió a la luz, los jóvenes pagaron una multa, pero pudieron seguir
viviendo en paz en aquella isla.
La policía local, había registrado la isla, y no habían hallado el cuerpo del joven. “Que sumamente extraño” – pensé. “Hay testigos que vieron salir en lancha al joven, completamente solo, se sabe que llegó, pues había huellas que coincidían con su calzado, huellas, que al rato desaparecen, y al cabo de dos horas los testigos ven la lancha retornar al pueblo, completamente sola”…¿cómo pudo volver? Alguien tuvo que ponerla en marcha. ¿Sería el mismo alguien con el que el joven había quedado en aquella isla? ¿Sería esa persona el asesino del joven, o solo un compinche en un astuto juego del joven…?
A la mañana siguiente, partí hacia la isla, para mi sorpresa vi HUMO, saliendo de una zona. Seguí la señal, hasta el lugar dónde se producía. Nuevamente no había nadie. La situación ya me estaba sacando de mis casillas. De pronto, escuché un extraño sonido, me di la vuelta vi una sombra, parecía una persona con una GABARDINA negra. Corrí tras ella como si de salvar a mi vida se tratase, pero aquella persona también se dio cuenta de mi presencia y era mucho más rápida que yo. Observé el terreno por si había huellas, pero fue en vano. El terreno no parecía el propicio para dejar huellas, tal vez en aquel tiempo, hubiese llovido, o algo por el estilo, de lo contrario las huellas halladas del joven desaparecido, habrían sido dejadas a posta. Cuando volví a mi casa, le di varias vueltas al asunto. ¿Quién sería aquella persona?, ¿qué hacía allí? En la isla, había un faro, aunque según mis datos el faro, actuaba de modo automático, y solo una vez a la semana iba alguien del personal a revisarlo, y ese había sido el día anterior a la desaparición del joven, osea que no pudo ser el encargado del faro la otra persona que se hallaba en la isla. Obviamente, el que hizo el fuego, era la persona con la gabardina. O… ¿Tal vez era el mismo joven desaparecido?
Por la tarde fui a interrogar a los familiares y amigos del joven desaparecido. De ellos pude sacar muy pocos datos, al parecer, el joven estaba a punto de alistarse en la escuela naval de Marín. Toda su familia estaba muy contenta con ello. Le pregunté a su madre si sabía si su hijo usaba alguna gabardina, pero contesto que nunca en la vida lo habían visto con una. Una de las cosas en las que me fije nada más entrar en la casa del joven, era en un MARCO roto en el mueble del salón. Pregunté el porqué de aquello, pero no obtuve respuesta alguna. Aquel caso era una pregunta tras otra pregunta sin obtener ninguna respuesta. Cada vez más sentía que estaba dando palos de ciegos. Decidí buscar a la novia del joven. Pero se suponía que ella al enterarse de la desaparición del joven se había ido del pueblo, esto era demasiado raro, y es ahí cuando ya empecé a desconfiar. Volví al siguiente día a la isla, algo raro pasaba allí, el cielo de nuevo se hallaba nublado, y a pesar de ser verano, el ambiente estaba refrescado por una suave brisa helada. Si no me equivoco, ande y ande por la isla, durante más de tres horas, y no encontré rastro o pista alguna. Ni del joven, ni de la otra persona. Harto ya andar, descanse en las cercanías de un pequeño RÍO, me refresqué la cara y las manos, el agua estaba cristalina, la verdad es que en aquel lugar reinaba la paz y la tranquilidad, podría ser un buen lugar para vivir. “Un buen lugar para vivir…” volví a repetir en voz baja. “¡Eso es!” Me surgió entonces una idea. El joven desaparecido, había decidido cambiar sus planes de alistamiento en la escuela naval, y en cambio había decidido vivir con su novia en aquella isla, sin que nadie lo supiera, y con toda la paz del mundo. Nada más volver al pueblo me puse manos a la obra en buscar donde se había ido la novia del joven. Y para mi tristeza y desilusión, la encontré, ahora vivía en Pontevedra. Quedé con ella, pero no me dio muchos datos. Y otra vez, volvía a empezar mis conjeturas. ¿Quién sería aquella otra persona? ¿Sería que el joven estaba muerto? Fui al bar de enfrente de la escuela naval, tenía ganas de tomarme algo, pero estaba un tanto torpe, y desrame
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